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Hugo y Adrián son dos niños felices, los dos comparten juegos, risas, colegio y ahora comparten también osteópata.

Hugo acudió a mi consulta por un problema de dolor agudo en el talón izquierdo que le impedía correr, saltar y jugar al fútbol, su mayor pasión.

Llevaba tiempo aquejado de este dolor. Los profesionales le diagnosticaron un síndrome SEVER.

El síndrome Sever es una inflamación e irritación de los cartílagos de crecimiento del talón, dicho cartílago es una capa de cartílago ubicada cerca del extremo de un hueso, que es donde ocurre la mayor parte del crecimiento del hueso.

Como los niños están en desarrollo constante esto hace que siempre tenga una irritación diaria y cuando esté muy solicitado la articulación afectada termine en inflamación, dolor, limitación.

El trabajo en mi consulta ha sido un trabajo cuidado, no invasivo, nada doloroso.

He trabajado siguiendo un orden de cadenas musculares para reequilibrar todas las compensaciones y así de esta forma aflojar la tensión excesiva en la articulación del pie.

Así como un trabajo de tejidos blandos sobre la articulación del tobillo y talón, sin olvidarme de la fascia plantar y todos los dedos del pie.

El resultado es un niño sin dolor al posar el pie, puede saltar, puede correr y siguiendo las recomendaciones de los profesionales (podóloga, entrenador, osteópata) este niño puede volver a jugar al fútbol.

Adrián es un niño alegre, despierto y con una gran tensión muscular en su cuerpo. Llegó a mi consulta en la segunda sesión que tenía con Hugo, aquejado de un dolor en el pie izquierdo, aparentemente puede parecer la misma lesión, pero haciendo los test pertinentes no era la misma lesión. Adrián sufre de dolores cambiantes en diferentes pies debido a una tensión excesiva en la parte superior de su cuerpo (cuello, hombros, caja torácica, lumbares, isquiotibiales, rodilla, tobillos).

Su dolor está causado por la cadena muscular descendente que tiene su punto de inflexión en los tobillos. Cuando esta cadena se ve afectada por una excesiva tensión que puede ser debida simplemente por las actividades diarias y por el propio crecimiento del niño causándole al final un dolor agudo que lo limita “no es paralizante” pero sí muy molesto.

Mi trabajo en consulta ha sido tratar esta cadena descendente, para recuperar la elasticidad en toda esta musculatura afectada, trabajar con el sistema nervioso central bajando la intensidad de la tensión en cada músculo, de una manera suave, integrativa y eficaz.

Al final de la sesión Adrián me comenta que se siente más suelto, que los hombros no están tan rígidos y que las piernas las nota más sueltas y que no le duelen los pies.

Mi recompensa en esta sesión con este Zipi y Zape es la gran sonrisa de cada niño y estos pulgares hacia arriba.

Mi agradecimiento a estos padres que han confiado en mi labor.

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